Misión del Campo propone política de habitabilidad rural y ajustes al Sistema Nacional de Crédito Agropecuario

05/11/2014 18:00

​Reducir del 61% al 14% el déficit habitacional rural hacia el año 2035 y ajustar las políticas de crédito agropecuario, con el objetivo cerrar las brechas entre el campo y la ciudad, propuso la cuarta sesión del Consejo Directivo de la Misión para la Transformación del Campo.

También se sugieren dos estrategias para la reducción del déficit de vivienda, que consisten en la profundización del subsidio de Vivienda de Interés Social Rural y la implementación de la Política para el Suministro de Agua Potable y Saneamiento Básico en la zona rural.​

“Es muy importante seguir haciendo esfuerzos por el campo colombiano, donde se han originado muchos factores de violencia, derivados de la inequidad, exclusión y pobreza”, manifestó el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Simón Gaviria Muñoz, quien recordó que los pobres rurales son 3,2 veces más que los urbanos.

El documento de recomendaciones de la Política de Mejoramiento de Habitabilidad Rural, presentado durante el Consejo, muestra que se debe adecuar la normativa de vivienda a las necesidades del campo y desarrollar estrategias de equidad para cerrar la brecha entre el campo y la ciudad.

Según Ángela Penagos, directora de la Dirección de Desarrollo Rural Sostenible del DNP, es necesario revisar la Ley 546 de 1999, con el propósito de conseguir un ajuste acorde con las necesidades habitacionales del área rural.

“De esta manera se podrá destinar una proporción que le otorgue al sector recursos equivalentes al déficit habitacional relativo existente entre las zonas rurales y las urbanas”, explicó.

Por su parte, el director de la Misión, José Antonio Ocampo, estimó que para avanzar en esta materia se requieren $59 billones para los próximos 20 años, de los cuales la Nación debería aportar $38 billones y las regiones $21 billones.

Sobre la propuesta de reforma al Sistema de Financiamiento Agropecuario se recomienda trabajar en tres pilares: fortalecer y especializar a las instancias y entidades formuladoras y ejecutoras de la política de financiamiento; orientar los recursos de redescuento a segmentos con fallas de mercado; y construir un modelo integral de gestión de riesgos que incluya seguros agropecuarios individuales y colectivos, catastróficos y mecanismos de estabilización de ingreso.

En el marco de estos pilares, se propone subsidiar a la banca formal para que llegue a los municipios rurales y remotos, con el objetivo de eliminar las fuentes de financiamiento informales y onerosas.

Así mismo, se plantea apoyar a las entidades microfinancieras y ONG, facilitándoles el acceso a recursos que luego podrán prestar a la población rural y se fortalecerlas para que logren incrementar su operación en el territorio nacional, especialmente en las zonas rurales dispersas.

Ocampo sugiere fortalecer el Banco Agrario para que se convierta en una entidad financiera dinámica, que ofrezca productos y servicios financieros a la medida del sector, con énfasis en los pequeños productores y con desembolsos oportunos.

Otra de las recomendaciones para destrabar el cuello de botella en infraestructura y comercialización del sector, consiste en que Finagro, como banca de desarrollo, impulse inversiones en infraestructura y comercialización agropecuaria a través del Fondo de Capital de Riesgo.​
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